Buenas prácticas en escalada al aire libre: por qué cuidar nuestros sectores empieza por ti

Alan Winter

Buenas prácticas en escalada al aire libre: por qué cuidar nuestros sectores empieza por ti

Nota previa: Antes de que empieces a leer, una aclaración corta: este artículo no es una ley, ni un reglamento oficial, ni pretendo tener la verdad absoluta. Es, simplemente, la opinión de un escalador chileno más.

Es sábado temprano por la mañana y llegas a Las Chilcas.

El sol todavía no le pega a la pared, pero ya hay harta gente. Cuerdas colgando, calentamientos rutinarios, el saludo entre cordadas que se conocen hace años. La escena se repite en sectores clásicos como La Mina, El Alfalfal, la Silla del Diablo, Valle de los Cóndores y Cochamó.

Cada temporada somos más. La escalada en roca en Chile nunca había convocado a tanta gente. Y eso, en teoría, es una gran noticia.

Pero hay algo que conviene decir sin tanto rodeo ni romanticismo: escalar al aire libre no es un derecho. Es un privilegio.

Compartimos estos espacios con otros (dueños, fauna, comunidades locales y otros escaladors). Respetarlos es lo único que mantiene el acceso abierto. El costo de no hacerlo es letal, y ya lo estamos pagando en algunos sectores.

En distintos puntos de Sudamérica están cerrando sectores por el mal comportamiento de unos pocos.

Podría hacerte la típica lista de buenas y malas prácticas. Lo que debes y no debes hacer. Pero si solo buscas eso, este no es el artículo.

Este texto tiene otro objetivo. Y que es incomodarte un poco.

Porque es muy fácil caer en una trampa cómoda: pensar que el cuidado de la roca es problema de un ente abstracto llamado ‘la comunidad’. O simplemente esperar a que algún día llegue una autoridad a poner orden.

Mentira. Es tu responsabilidad. Y es la mía.

Hacerse cargo empieza por lo más básico: conocer y aplicar los principios de No Deje Rastro, entender a qué lugar te estás metiendo y, sobre todo, entrar a los sectores con bastante más humildad de la que solemos tener.

Pero quiero darle la vuelta a esto.

Que la escalada se está masificando a muchos les asusta. Lo ven como una plaga. Yo lo veo como una oportunidad brutal.

Uno protege lo que ama. Y cada día hay más gente enamorándose de la roca, obsesionándose con ella, encontrando algo que no están dispuestos a perder.

Es un arma de doble filo.

Mal manejada, esta avalancha de entusiasmo termina en ecosistemas destrozados y dueños de terrenos hartos de nosotros los escaladores.

Bien gestionado, es el ejército de cuidadores más grande que ha tenido esta actividad en su historia.

La diferencia entre ambas es tomar acción. Informarse. Dar el ejemplo.

Piénsalo. El nuevo que llega no ensucia, grita o hace las cosas mal por pura maldad. Lo hace porque nadie se lo enseñó. Estas reglas de convivencia no vienen en la caja como las instrucciones de uso del equipo cuando te compras un mosquetón, ni te las envían junto con la ubicación del sector.

Ahí es donde tú y yo tenemos un trabajo que hacer. No para ir dando sermones por el pie de vía. Sino para ayudar a entender.

Si logramos que el nuevo escalador no solo aprenda a chapar y a escalar, sino a amar y respetar el lugar donde lo hace, entonces la masificación deja de ser la amenaza que nos cierra las puertas.

Se convierte en la fuerza que las protege.

Pero para convertirnos en esa fuerza protectora, primero hay que mirar de frente los errores del pasado. No es una teoría exagerada. Son candados reales que ya nos hemos ganado por puro descuido.

Cuando nos comportamos como si la roca fuera nuestra y de nadie más, terminamos generando un espacio desagradable donde el objetivo es ir a pasarlo bien!

Históricamente, por el mal manejo de nuestros comportamientos como escaladores, algunos sectores icónicos se han cerrado definitivamente:

  • El Arrayán (Chile): El emblemático «Bosque Mágico». Un increible sector de escalada a 15 minutos de Santiago. ¿Por qué se cerró? Porque la masificación trajo basura, senderos improvisados, peleas entre los perros de los escaladores y los de los cuidadores y malos tratos con los cuidadores del terreno

  • Socaire (Norte de Chile): Aquí el cierre definitivo vino directo con un documento oficial sobre la mesa. El 3 de septiembre de 2024 se notificó el cierre temporal del acceso a la Quebrada de Nacimiento, sector bajo el territorio de la Comunidad Atacameña de Socaire. La resolución oficial explica claramente que el lugar no cuenta con instalaciones sanitarias ni sistemas de manejo de residuos, pero el trasfondo de fondo es vital: esta quebrada es una fuente fundamental de agua de la que depende la comunidad. En el norte, el agua es un recurso escaso y extremadamente delicado. Si los escaladores entran a acampar sin control, dejan basura, llevan perros o van al baño cerca del caudal, contaminan de forma directa la misma agua que abastece a todo el pueblo.¿Cómo evitamos que esta lista de pérdidas siga creciendo?

Antes de ir, infórmate

La primera buena práctica de un escalador ocurre antes de partir al sector de escalada.

Cada sector tiene su letra chica: algunos no permiten perros, otros cobran entrada, exigen un permiso previo, tienes que dejar los cercos cerrados o tienen zonas de estacionamiento específicas,etc. 

La organización Acceso PanAm lo pone como el punto de partida obligatorio: conocer de antemano las restricciones de acceso de los sectores más cercanos. El British Mountaineering Council (BMC) lo resume en una consigna que todos deberíamos tener tatuada en el cerebro: «know before you go» (infórmate antes de ir). Entiende la ética y las condiciones del lugar donde vas a meterte.

Cierres estacionales: respeta la anidación

Dentro de la información previa, hay un caso especial que es muy importante identificar y son los cierres de las rutas por nidificación.

Acá en Chile pasa mucho. Tenemos varias especies de aves que vienen a anidar justamente en los agujeros o fisuras de las mismas rutas que queremos escalar.

La lógica aquí es simple: si nos metemos en esa vía, los padres se asustan, abandonan el nido y los polluelos no sobreviven.

Respetar esto es una cuestión de sentido común y, además, no es para siempre. Las aves no se van a quedar a vivir en la ruta toda la vida. Es un proceso temporal, el nido se va a desocupar en unas semanas y la pared seguirá ahí el resto del año. Mientras tanto, hay muchas opciones a los lados para seguir escalando.

Si esa ruta con nido era justo tu proyecto de la temporada, es una lástima, de verdad. Pero vas a tener que elegir otra línea por un tiempo, esperar a que las aves dejen el lugar y luego volver a intentarlo. La roca no se va a mover de su lugar, en cambio ese huevo no tiene otro lugar para crecer ahora, pero tú tienes muchas opciones más para escalar.

Suena lógico, pero a veces se nos olvida. Personalmente, me ha tocado ver a gente sacando nidos de un agujero en Las Chilcas para poder seguir escalando su proyecto. Parece un exceso, pero pasa. Y sacrificar la fauna local por el apuro de dar un pegue no tiene mucho sentido.

Si ves una situación así, vale la pena conversar. No se trata de armar una pelea en el pie de vía, sino de ayudar a entender que la roca se comparte con el entorno. Y que nuestro pegue no es más importante que esas aves.

Hazte cargo de tus desechos

Mucha gente no se hace cargo de sus desechos por flojera o por ignorancia. O eso creo. Porque si llevas años escalando al aire libre y sigues dejando tu rastro por ahí, ya no es ignorancia, es otra cosa.

Saber ir al baño en la naturaleza es una habilidad tan básica como saber asegurar o hacer un nudo ocho.

Para hacerlo bien no necesitas un equipo ultra elaborado ni gastar una fortuna. Te voy a dar una recomendación súper práctica, fácil y económica de armar. Un pequeño kit que cabe en cualquier bolsillo de tu mochila:

  • Bolsitas de caca de perro: Son diminutas, baratas y no ocupan nada de espacio.
  • Papel higiénico (el justo para el día).
  • Un frasco pequeño de alcohol gel 

Si te dan ganas de ir al baño: te alejas de las rutas y de los cursos de agua ojala unos 60 mts. ¿No tienes una pala? No importa. Buscas una piedra con filo o un palo firme que encuentres por el suelo y escarbas un hoyo de unos 15 o 20 centímetros de profundidad.

Haces lo tuyo, lo tapas bien con la misma tierra y el papel usado va directo dentro de la bolsita de perro. La amarras y va de vuelta a tu mochila. No tiene más ciencia.

El mito de lo «orgánico»

Y ya que estamos ordenando la casa, saquémonos otra mala práctica de la cabeza: tirar la cáscara de plátano, el corazón de la manzana o la yerba mate usada al suelo porque «es orgánico y la tierra lo absorbe».

Esos residuos tardan meses en descomponerse en climas secos, alteran la dieta de los animales del lugar y dejan el pie de vía hecho un basural. Si llego en tu mochila, sale en tu mochila. Todo. Sin excepciones.

Convivencia en el pie de vía: códigos y sentido común

Para que el día sea un agrado para todos, hay ciertas “reglas” de convivencia 

Tu equipo ordenado, no desparramado

El pie de vía suele ser un espacio chico y, a veces, un tanto expuesto. Llegar y dejar la mochila, las zapatillas, la comida y el termo esparcidos por todos lados nos quita espacio a todos. Mantener tus cosas concentradas en un solo punto demuestra respeto por los demás y hace que movernos por el sector sea mucho más seguro y cómodo. Que se note que sabemos compartir el espacio.

Las rutas se comparten (aunque seas “local”)

Da lo mismo si llevas diez años yendo al mismo sector, si tú equipaste la línea o si dejaste tus cintas puestas porque estás proyectando. La roca es de todos. Si alguien más quiere probar la ruta donde tienes tu proyecto, lo mejor es dejar el ego de lado: se habla, se coordina, se comparten las cintas si es necesario y se turnan. Conversar abiertamente con la gente al pie de vía siempre mejora la experiencia y evita una mala onda innecesaria. Ser más fuerte no es sinónimo de tener más derecho a escalar.

La sombra en el Desplome de Las Chilcas

Pensemos en un caso ultra específico: el desplome de Las Chilcas un fin de semana de calor. El sol le pega de frente a eso de las 12 o una de la tarde. Las horas de sombra son contadas y valen oro.

Llegas y hay cuatro personas en la fila de la misma ruta que tú quieres probar.

Aquí la ley es pareja: no porque tengas la ruta más avanzada tienes más derecho que el que la está intentando por primera vez. Esa gente se levantó temprano con las mismas ganas que tú y quizas hasta mas.. quien sabe

Si quieres la ruta para ti solo, la solución es individual: madruga más o anda un día de semana. Si te tocó el fin de semana lleno, lo mejor es no generar mala onda. Se conversa con el resto, se organizan pegues eficientes para no hacer la espera eterna o, simplemente, se tiene la flexibilidad de elegir otra ruta de al lado. Aprender a adaptarse a la realidad del sector también es parte de ser escalador y de compartir algo que es para todos por igual.

El ruido 

No se trata de ser un aguafiestas y exigir un silencio absoluto donde nadie pueda reírse o hablar; pasarlo bien es parte del día. Se trata de ser consciente de nuestro entorno. Si hay gritería excesiva o demasiado ruido al pie de la vía, se puede dificultar la comunicación entre el escalador y su asegurador.

Un “¡tensa!” o un “¡voy!” que no se escucha bien allá arriba puede terminar en un susto o en un accidente. Regula el volumen si ves que hay gente tratando de comunicarse, piensa en las demás cordadas y recuerda que en el sector no estás solo. El respeto por el silencio también es cuidar al resto.

También si vas a poner música, pregunta primero si a alguien le molesta y evita poner música muy fuerte ya que estas en un entorno natural y hay fauna alrededor.

Cepillar

Si ves que alguien está proyectando una ruta y se da el trabajo de cepillar con cuidado las tomas llenas de magnesio, lo mínimo que podemos hacer si nos subimos después es volver a cepillarla al bajar. Si no tienes cepillo, deja el pudor de lado: pídeselo prestado a esa misma persona y aporta con tu parte del trabajo. Así dejan la ruta perfecta para que puedan mandarle todos!

Dejar la cuerda en la ruta

Si tu cordada terminó de escalar en Top-Rope y ves que la cordada de al lado quiere entrar a puntear (de primero) esa misma línea, no asumas lo que hay que hacer. Pregunta antes de actuar: “Oye, ¿te sirve que deje la cuerda pasada al top para tu pegue o prefieres que la tire para que vayas de primero?”.

Gestos tan simples como este cambian por completo la energía del pie de vía y construyen una comunidad de la que da gusto formar parte.

El descanso ajeno: No todos tienen tu mismo horario

Hay otra dimensión del ruido que no ocurre al pie de la vía, sino cuando cae la noche en el campamento o en los vivacs de altura.

Pensemos en Cochamó o en el Valle de los Cóndores . Diste tu pegue, te fue increíble, estás relajado y quieres quedarte conversando, riendo o tocando guitarra hasta tarde. Está perfecto de pasarlo bien, es parte del viaje. Pero aquí viene la empatía: al lado tuyo quizás hay una cordada que se va a levantar a las 4 o 5 de la mañana para meterse a una ruta gigante o un pegue exigente. Su seguridad y su energía de mañana dependen de que puedan dormir hoy. Considera tocar la guitarra o cantar en horarios donde no se interrumpa el sueño de los demás.

Llegar tarde en la noche de una ruta larga, o venir subiendo desde campamentos bajos hacia los valles altos y ponerse a conversar fuerte hasta tarde rompe por completo la convivencia del lugar y el sueño de algunos.

Lo mismo pasa cuando la gente llega tarde en auto al Valle de los Cóndores: estacionarse al lado de las carpas con las luces altas encendidas, gritando y armando el campamento entre risas mientras el resto intenta descansar, no corresponde.

Nadie está pidiendo que el campamento parezca un cementerio a las ocho de la tarde. Se trata simplemente de usar el sentido común y entender que compartimos el espacio. Si vas a trasnochar o llegas tarde y ves que puede haber gente durmiendo, trata de bajar el volumen de la voz, apaga los parlantes y apaga la música. Habrán mas momentos para esto, camina despacio y respeta las horas de sueño de los demás.

Piénsalo a la inversa: el próximo fin de semana puedes ser tú el que necesite silencio absoluto para poder descansar antes de jugarse la vida en una pared de madrugada. Está bueno que nos tratemos como nos gustaría que nos trataran.

Tráfico en multilargos

Cuando te metes en una ruta de varios largos, la dinámica de convivencia cambia por completo. Aquí el sentido común se aplica en dos direcciones:

  • Si eres la cordada lenta: Si notas que la cordada que viene detrás de ti se mueve notablemente más rápido, aquí creo que es una buena opción dejarlos pasar. No pasa nada por ir a otro ritmo. Lo más sano y cortés es preguntarles en la siguiente reunión si prefieren pasar adelante. Facilitarles el paso evita que ellos se desesperen y, de paso, te quita a ti la presión molesta de tener a alguien apurandote mientras escalas.
  • Si eres la cordada rápida: Si llegas al pie de un multilargo y ves que ya hay tráfico y varias cordadas en la pared, ten un poco de criterio. No te metas a la ruta con la mentalidad de «somos rápidos, los vamos a adelantar a todos». Si la vía ya está colapsada, cambia tu itinerario o elige otro multilargo. Ir a presionar o a pasar gente en un multilargo solo suma tensión e inseguridad a una situación que ya es compleja. Piénsalo dos veces.

Seguridad y competencia: Saber lo que no sabes

Hay un último punto que no tiene que ver con la limpieza, sino con algo mucho más básico: la seguridad y tu responsabilidad enc cuanto a tus conocimientos.

Es fundamental saber lo que no sabes. Si todavía no dominas cómo asegurar o te falta experiencia para escalar de primero en la roca, asúmelo con madurez. No hay nada de malo en estar aprendiendo, todos partimos desde cero. El problema real empieza cuando intentas improvisar en un entorno agreste.

Ir a probar suerte sin los conocimientos adecuados no solo pone en riesgo directo la vida de tu cordada; pone en una situación pésima a todo el sector. Piénsalo un segundo. Si cometes un error grave y ocurre un accidente, ademas que te puede pasar algo grave a ti o a tu corada, toda la gente que fue a disfrutar de su día va a tener que suspender su escalada para asistir en el rescate. Eso sin contar el trauma psicológico que le dejas a los testigos. Tu irresponsabilidad arrastra a toda la comunidad.

El peligro de escalar tradicional sin saber

Y un ojo gigante con la escalada tradicional. Si vas a escalar trad sin saber realmente cómo proteger con seguros móviles, para un segundo! Ir a la roca con un rack prestado no te convierte en escalador de tradicional. Estos fierros no funcionan por arte de magia, si los colocas mal porque no tienes el conocimiento, se van a salir uno por uno si te llegas a caer.

Volar en una ruta tradicional y que los seguros vuelen contigo no solo te pone en riesgo de un gran accidente a ti y a tu partner, sino que genera accidentes horribles en el pie de vía. Y volvemos al problema de fondo: un rescate complejo debido a una imprudencia es la excusa perfecta en bandeja para que los dueños o las autoridades pongan un cierre definitivo.

Si sientes que te faltan herramientas, pídele ayuda a alguien con experiencia real o toma un curso con un profesional certificado. Tu vida, la de tu cordada y la tranquilidad de todo el sector valen totalmente esa inversión.

¿Estamos preparados para la «montaña libre»?

Pensemos en el Valle de los Cóndores: un paraíso de basalto de clase mundial donde en verano escalan unas cientos personas al día. No hay portería, no hay boleto, no hay restricciones. Es, en la práctica, una montaña libre.

¿Y qué vemos ahí? Papel higiénico expuesto, basura acumulada y desastres tras los fines de semana de fiesta. Lejos de cualquier romanticismo, la realidad objetiva nos dice algo incómodo: quizás todavía no estamos preparados para tener estas montañas libres.

Pero el mismo valle nos demostró que se puede madurar. Cuando apareció la amenaza de un proyecto de Enel para instalar torres de alta tensión en zonas de nidificación de cóndores, la comunidad escaladora local entendió algo profundo: ya no se trataba de seguir equipando vías por ego, sino de preservar, conservar y mantener el lugar. Ese es el verdadero salto de ser un simple «usuario» a convertirse en un agente de cambio.

En los países nórdicos el acceso libre es la norma, pero no cayó del cielo. En Suecia, el derecho conocido como allemansrätten te permite estar en casi cualquier terreno, pero bajo una consigna brutalmente simple: «No molestar, no destruir». El único precio que se paga por entrar es el respeto.

El europeo cuida la montaña porque tiene cultura de montaña. Sabe que el acceso libre es un contrato donde el derecho y el deber son la misma cosa. En Chile, mi impresión es que muchas veces vivimos la montaña libre solo desde la emoción: «quiero la montaña libre para poder ir cuando se me antoje», no desde la responsabilidad de «yo me hago cargo de ella». Y son cosas muy distintas.

Empieza por ti

Por eso volvemos al inicio. No esperemos que una autoridad invisible o «la comunidad» en abstracto resuelvan esto. Empieza por ti.

La próxima vez que vayas a la roca, conoce el acceso, aplica el No Deje Rastro, arma tu kit para la caca, llévate tu basura organica, baja el volumen de la música, respeta al privado y al los otros escaladores que están en el sector

Y luego, da el paso que de verdad cambia las cosas: conviértete en alguien que enseña con el ejemplo, sin sermonear.

Pasa de ser un simple espectador a un actor activo. El futuro de nuestros sectores se decide en lo que cada uno de nosotros hace y deja de hacer cada vez que llega al pie de una vía.

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